Lo esencialPUNTOS CLAVE
  • El Niño altera la circulación del aire y redistribuye las lluvias a escala global, con sequías en algunas regiones e inundaciones en otras.
  • Indonesia ya registró un aumento considerable de incendios en bosques y turberas, con emisiones que podrían acercarse a las de 2015.
  • África oriental enfrenta riesgo de lluvias intensas e inundaciones, mientras el sur del continente podría sufrir sequías que afecten el maíz.
  • Perú y otras zonas de América sufrieron en episodios previos miles de muertos por inundaciones y deslizamientos asociados al fenómeno.
  • El blanqueamiento de corales y la propagación de enfermedades como cólera y dengue son otras consecuencias previstas.

La intensificación de El Niño puede alterar las lluvias y las temperaturas en los próximos meses, con mayor riesgo de incendios forestales, inundaciones, pérdidas de cultivos, enfermedades y blanqueamiento de corales en distintos continentes, según un análisis de New Scientist difundido por Infobae. El fenómeno ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico tropical se calientan más de lo habitual y ese cambio altera la circulación del aire, modifica la formación de nubes y redistribuye las precipitaciones.

Tim Stockdale, del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, explicó a New Scientist que el calentamiento global puede agravar esas consecuencias. "Hay más humedad en la atmósfera, hay más energía en el sistema", afirmó. El fenómeno se suma a una temperatura global cercana a 1,4 °C por encima de los niveles preindustriales.

Uno de los puntos de mayor preocupación es Indonesia, donde el fuego se extendió por bosques y turberas. Hasta junio, las llamas habían afectado cerca de 1.000 kilómetros cuadrados y en los meses posteriores la superficie quemada se duplicó dos veces, de acuerdo con el medio británico. La falta de humedad facilita que las quemas agrícolas alcancen la vegetación cercana y los suelos de turba, que almacenan grandes cantidades de carbono.

En el Pacífico occidental también puede aumentar la formación de ciclones tropicales. Los cambios en la intensidad y la dirección del viento a distintas alturas favorecen el desarrollo de tifones, y Filipinas, Japón, Taiwán y el este de China se encuentran entre las áreas más expuestas.

El impacto de las lluvias no será igual en toda África. En Etiopía, las pocas precipitaciones registradas entre junio y septiembre ya afectaron las cosechas, mientras que Sudán del Sur enfrenta una situación de inseguridad alimentaria. Si El Niño gana fuerza, el sur de Etiopía, Kenia y Somalia podrían recibir lluvias intensas e inundaciones repentinas.

Las experiencias previas muestran la dimensión de ese riesgo. Durante el fenómeno de 1997, las inundaciones vinculadas con El Niño causaron alrededor de 3.000 muertes en África oriental. En 2023, hubo cerca de 700 víctimas mortales en esa región, según los datos citados por New Scientist.

En cambio, el sur del continente podría padecer un período de escasas lluvias. Malaui, Zambia y Zimbabue tendrían precipitaciones muy por debajo de lo habitual, lo que comprometería la producción de maíz y el acceso a los alimentos. En el evento de 2015 y 2016, decenas de millones de personas sufrieron hambre y murieron cientos de miles de animales de cría.

Ilan Kelman, investigador de la University College London, advirtió que los daños dependen también de la capacidad de prevención y respuesta. "El tiempo no tiene por qué significar un desastre. Los desastres han ocurrido porque no hemos invertido en evitarlos", dijo al medio.

En Perú, donde se identificó y nombró El Niño, el calentamiento de las aguas costeras puede combinarse con lluvias fuertes y provocar desbordes, derrumbes y daños en caminos e infraestructura. El informe indica que al menos 52 personas murieron en Perú por inundaciones y deslizamientos asociados con ese fenómeno. En 1998, un episodio intenso convirtió zonas desérticas en grandes lagunas, destruyó puentes y carreteras en Ecuador y dañó instalaciones en Bolivia. Entre 1982 y 1983, las inundaciones y las enfermedades dejaron más de 9.000 muertos en territorio peruano.

Las precipitaciones también pueden alcanzar a América del Norte. En California, las lluvias de 1998 ocasionaron cientos de deslizamientos de tierra y de barro. Cuando el suelo ya está saturado, el peligro aumenta en zonas montañosas y en ciudades cuyos desagües no tienen capacidad suficiente.

Después de una inundación, los problemas sanitarios pueden extenderse durante semanas. El desborde de las redes de saneamiento contamina el agua de consumo y puede facilitar enfermedades como el cólera y la leptospirosis. Las altas temperaturas y el agua estancada crean condiciones propicias para los mosquitos que transmiten malaria y dengue.

En 1998, las lluvias extraordinarias en el norte de Sudamérica coincidieron con brotes de cólera en Perú y otros países. Ese mismo año, las precipitaciones muy superiores a los valores habituales en África oriental estuvieron asociadas con una expansión de la malaria y de la fiebre del Valle del Rift.

Rachel Lowe, del Centro de Supercomputación de Barcelona, señaló que el riesgo aumenta donde los sistemas de salud y saneamiento tienen menos recursos. "Los mayores problemas suelen producirse cuando un clima inusual coincide con desigualdades socioeconómicas", explicó a New Scientist.

El aumento persistente de la temperatura del mar también afecta a los corales. Cuando el agua se calienta demasiado, estos animales expulsan las algas de las que obtienen energía. Ese proceso, conocido como blanqueamiento de corales, puede causar su muerte si las altas temperaturas se mantienen durante mucho tiempo.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) advirtió que los arrecifes de casi todos los océanos tropicales vuelven a estar expuestos a un riesgo elevado. Los tres episodios intensos anteriores de El Niño coincidieron con blanqueamientos masivos, debido a que llega menos agua fría desde las profundidades hasta la superficie.

El efecto sobre la temperatura media del planeta suele sentirse meses después del punto máximo de El Niño, porque el calor tarda en distribuirse por la atmósfera y los océanos. Por eso, el análisis citado prevé que 2027 podría ser el año más cálido registrado, con temperaturas más altas durante el verano del hemisferio norte.

Los pronósticos también plantean la posibilidad de que, tras la fase cálida, aparezca La Niña, un fenómeno marcado por el enfriamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial. Ese cambio puede alternar sequías e inundaciones en poco tiempo y aumentar la presión sobre la producción de alimentos, los sistemas de salud, el transporte y el suministro de energía.