- Matías Gvozdenovich asumió la presidencia del radicalismo cordobés y anunció que pedirá al Tribunal de Conducta la expulsión de dirigentes que se incorporaron al justicialismo, entre ellos Myrian Prunotto y Orlando Arduh.
- El sector de Rodrigo de Loredo promueve un frente opositor con La Libertad Avanza, mientras reclama fidelidad partidaria contra los aliados al peronismo.
- El legislador Dante Rossi cuestionó el intento de prorrogar mandatos partidarios y sostuvo que una alianza con los libertarios traicionaría los principios históricos del radicalismo.
- La corriente alfonsinista Identidad y Conducta Radical advirtió en un pronunciamiento del 21 de septiembre que asumir la conducción formal del comité no equivale a representar todo el pensamiento radical.
- Luis Juez cuestionó a De Loredo tras sus declaraciones sobre una victoria para el Gobierno nacional en Córdoba: “Esos excesos de vanidad son jodidos”.
La renovación de autoridades del radicalismo cordobés dejó una escena reveladora: Matías Gvozdenovich asumió la presidencia provincial, Miguel Nicolás quedó al frente del Comité Capital y Rodrigo de Loredo convirtió la ceremonia en una plataforma para su proyecto de gobernar Córdoba en 2027. El acto combinó propuestas de gestión, confrontación con el peronismo y anuncios de sanciones contra dirigentes del propio partido.

Gvozdenovich anticipó que solicitará al Tribunal de Conducta la expulsión de dirigentes que se incorporaron al esquema del justicialismo, entre ellos Myrian Prunotto y Orlando Arduh. Se trata de una ofensiva anunciada, cuyo desenlace depende del procedimiento partidario. Presentarla como una expulsión consumada sería adelantarse a los hechos.
La contradicción política aparece cuando esa exigencia de fidelidad se compara con el horizonte electoral del deloredismo. El sector que reclama autonomía frente al peronismo viene promoviendo un frente opositor con La Libertad Avanza. La pregunta resulta inevitable: ¿la identidad radical se defiende frente a cualquier subordinación o solamente frente a las alianzas que incomodan a la conducción?
Esa discusión tiene protagonistas dentro de la propia UCR. El legislador Dante Rossi cuestionó en julio el intento de prorrogar los mandatos partidarios y vinculó esa iniciativa con la búsqueda de un acercamiento a Milei. Su objeción fue política e institucional: reclamó renovación mediante el voto de los afiliados y sostuvo que una alianza con los libertarios traicionaría los principios históricos del radicalismo.
El antecedente vuelve incómodo el discurso de De Loredo durante la asunción. Según la crónica de El Búnker, el exdiputado reconoció que habían buscado evitar la interna y extender los mandatos, pero atribuyó el fracaso de esa salida a una intervención del peronismo. Desde una mirada crítica, esa explicación permite desplazar hacia un adversario externo una discusión que también enfrentaba a radicales sobre cómo elegir sus autoridades.
También corresponde poner en contexto el triunfo provincial de Generación X. La lista opositora que proponía a Juan Jure quedó fuera de competencia y la Justicia Federal ratificó esa exclusión por incumplimientos de los requisitos electorales. Hubo respaldo judicial a la decisión, pero no una elección provincial entre ambas listas que permita medir el apoyo relativo de los afiliados. Convertir ese desenlace en una demostración de unanimidad política sería exagerar su alcance.

Otra voz disidente es la corriente alfonsinista Identidad y Conducta Radical. En un pronunciamiento difundido el 21 de septiembre, advirtió que asumir la estructura partidaria no equivale a representar todo el pensamiento radical: “Asumen la conducción formal del comité, pero no la hegemonía del pensamiento ni del sentir radical”. El espacio rechazó una subordinación a Milei y también cuestionó las aproximaciones al oficialismo provincial de sectores opositores internos.
Ese posicionamiento muestra que la disputa excede el enfrentamiento entre radicales cercanos al PJ y radicales cercanos a los libertarios. Existe un sector que objeta ambas orientaciones y reclama preservar una propuesta propia. Su crítica golpea una debilidad de la conducción: ganar el control del comité no resuelve qué representa hoy la UCR ni qué principios pondrá sobre la mesa al negociar una coalición.
De Loredo tampoco tiene asegurado el liderazgo del conjunto opositor. Tras sus declaraciones sobre la victoria que podría ofrecerle al Gobierno nacional en Córdoba, Luis Juez respondió con un cuestionamiento directo: “Esos excesos de vanidad son jodidos”. La reacción expuso que el ordenamiento del radicalismo no clausuró la disputa por la candidatura de 2027.
La lectura crítica que dejan estos hechos es la de una conducción que exige disciplina hacia adentro mientras mantiene abierta la negociación electoral hacia afuera. Puede establecer incompatibilidades partidarias y defenderlas, pero debe explicar con qué criterio distingue una alianza que merece sanción de otra que considera conveniente.
De Loredo busca presentarse como alternativa de gobierno. Para sostener esa pretensión, tendrá que responder algo más exigente que las consignas contra el peronismo: qué proyecto radical propone, cuánto está dispuesto a ceder ante Milei y por qué las reglas de pertenencia deberían aplicarse con una vara distinta según el aliado elegido.
