- La IA ya modifica la forma de litigar en causas complejas y voluminosas
- El sistema acusatorio y la oralidad profundizan la necesidad de procesar información a tiempo
- La responsabilidad jurídica y la decisión final siguen siendo del abogado y del juez
- La incorporación exige reglas sobre seguridad, confidencialidad, trazabilidad y acceso
- La igualdad de armas deberá considerar la desigualdad informacional entre defensas
La inteligencia artificial ya modifica la forma de litigar en causas complejas. En expedientes voluminosos, el desafío dejó de ser el acceso al expediente y pasó a ser su dominio integral: reconstruir, relacionar y utilizar la información a tiempo.
El avance del sistema acusatorio, con mayor oralidad y protagonismo de las audiencias, profundiza esa necesidad. La IA no sustituye la inmediación ni la experiencia del juez, pero puede controlar y relacionar el volumen de información que producen audiencias, resoluciones, pericias, documentos y declaraciones.
Según el análisis, una herramienta configurada sobre información determinada puede reconstruir qué sostuvo la fiscalía, cómo evolucionó una imputación, qué prueba se incorporó y qué declararon los testigos. El abogado aporta criterio jurídico, contexto, estrategia y responsabilidad.
La utilidad no comienza después de la sentencia. Si durante el proceso se detecta una modificación relevante de la imputación, una contradicción entre declaraciones o una diferencia entre una pericia y lo afirmado en audiencia, el abogado puede volver a la fuente y decidir qué hacer. En litigación penal no alcanza con descubrir un problema: hay que detectarlo a tiempo.
La defensa ofrece el fundamento constitucional más intenso. Las garantías no cambiaron, pero cambió la escala material sobre la que deben ejercerse. Si el volumen vuelve imposible procesar la información a tiempo, el acceso formal puede resultar insuficiente.
La cuestión adquiere otra dimensión al llegar a una impugnación. Desde Casal, la Corte Suprema exige el máximo esfuerzo por revisar todo aquello susceptible de revisión en una sentencia condenatoria. La IA puede localizar una omisión, una contradicción o una atribución incorrecta, pero el agravio nunca debería ser 'lo dijo la IA'.
La incorporación de estas herramientas exigirá reglas claras sobre seguridad, confidencialidad, trazabilidad y acceso. Existe el riesgo de una respuesta verosímil pero equivocada, por lo que la comprobación contra la fuente original sigue siendo indispensable.
El texto plantea un problema de igualdad: dos defensas pueden acceder al mismo expediente y tener capacidades muy distintas para comprenderlo y utilizarlo. Si estas herramientas se vuelven relevantes para una defensa efectiva, la igualdad de armas deberá considerar también la desigualdad informacional.
La misma transformación alcanza al juez. En expedientes voluminosos, la IA puede ordenar actuaciones, reconstruir cronologías, relacionar prueba e identificar precedentes. La valoración, los fundamentos y la responsabilidad por la decisión siguen siendo del magistrado.
Uno de los avances más importantes será procesar más información en menos tiempo. Esa reducción de tiempos puede traducirse en respuestas judiciales más rápidas para personas que esperan meses o años una decisión.
El principal obstáculo puede ser cultural. Abogados, fiscales y jueces tendrán que distinguir entre utilizar la IA como asistencia y desplazar hacia el sistema la decisión y la responsabilidad que les corresponden.
La ventaja no será del abogado que más utilice inteligencia artificial, sino del que mejor sepa qué preguntarle, qué verificar y qué hacer jurídicamente con lo que encuentre.
