Lo esencialPUNTOS CLAVE
  • Milei llevó el reclamo por Malvinas a la Asamblea General de la ONU y sostuvo que el archipiélago es una causa nacional.
  • Milei reclamó que el Reino Unido retome las negociaciones bilaterales para buscar una solución pacífica a la disputa de soberanía.
  • Milei cuestionó el proyecto petrolero Sea Lion, impulsado por la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration.
  • La administración de las Islas Malvinas anunció la prórroga por cinco años de las licencias para actividades petroleras offshore, con respaldo del Gobierno británico.
  • La Cancillería argentina respondió con una protesta formal y sostuvo que la exploración y explotación unilateral de recursos naturales es contraria a su posición sobre la soberanía.

Lanzado de lleno a la reelección, Javier Milei llevó este miércoles el reclamo argentino por las Islas Malvinas al centro de su discurso ante la 81° Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York. El Presidente sostuvo que el archipiélago constituye “una causa nacional” y cuestionó a la ONU por no lograr que sus propias resoluciones tengan consecuencias concretas.

Milei reclamó además que el Reino Unido retome las negociaciones bilaterales para buscar una solución pacífica a la disputa de soberanía y planteó que su Gobierno continuará utilizando herramientas diplomáticas, jurídicas y económicas para sostener la posición argentina.

Uno de los puntos centrales de su exposición fue la actividad hidrocarburífera en la zona. El Presidente cuestionó el avance del proyecto Sea Lion, impulsado por la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration, y sostuvo que las licencias otorgadas por las autoridades de las islas son rechazadas por la Argentina.

El conflicto por el petróleo tuvo un nuevo capítulo apenas un día antes del discurso. La administración de las Islas Malvinas anunció la prórroga por cinco años de las licencias para actividades petroleras offshore, con una posibilidad adicional de extensión por dos años si las empresas cumplen sus programas de trabajo. La decisión cuenta con el respaldo del Gobierno británico.

La Cancillería argentina respondió con una protesta formal y sostuvo que la exploración y explotación unilateral de recursos naturales en la plataforma continental que Argentina considera propia resulta contraria a su posición sobre la soberanía. También ratificó que utilizará herramientas diplomáticas, administrativas, económicas, judiciales y legales.

Una disputa que volvió a escalar

El discurso de Milei se produjo después de una serie de movimientos que elevaron nuevamente la tensión diplomática entre Buenos Aires y Londres.

La Argentina presentó un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que busca endurecer las sanciones contra empresas, accionistas y proveedores que participen en actividades vinculadas con la explotación de recursos naturales en zonas que el país considera bajo su soberanía. El proyecto también contempla la creación de un Consejo de Seguridad Nacional.

En paralelo, la Justicia Federal de Río Grande ordenó a las empresas vinculadas con Sea Lion abstenerse de avanzar con determinadas obras del proyecto petrolero, aunque la propia resolución reconoce que su aplicación depende de la cooperación internacional y de la conducta de las compañías.

La cuestión también había aparecido en la Asamblea General antes de la intervención de Milei. El primer ministro británico Andy Burnham defendió la posición de Londres y afirmó que el Reino Unido se mantendrá “firme” frente a cualquier amenaza o desafío que afecte a sus territorios, incluyendo las Islas Malvinas.

El canciller argentino Pablo Quirno respondió reafirmando la disposición de Buenos Aires a reanudar las negociaciones bilaterales por la soberanía.

El argumento argentino ante la ONU

Milei vinculó el reclamo por Malvinas con una crítica más amplia al funcionamiento de Naciones Unidas. Según sostuvo, existe una distancia entre las resoluciones adoptadas por el organismo y su capacidad para hacerlas cumplir.

En particular, mencionó la resolución 31/49 de la Asamblea General, que insta a Argentina y al Reino Unido a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras permanezca abierta la disputa.

La posición argentina sostiene que las actividades británicas de exploración y explotación de hidrocarburos constituyen modificaciones unilaterales de la situación. Documentos presentados ante Naciones Unidas también registran el reclamo argentino contra esas actividades y la reiteración del pedido de negociaciones para alcanzar una solución pacífica.

De esta manera, Malvinas volvió a ocupar un lugar destacado en la agenda internacional argentina, pero esta vez con un componente adicional: el desarrollo de proyectos petroleros en el Atlántico Sur y las medidas que ambos gobiernos están adoptando alrededor de esos recursos.