- Prestadores turísticos de todo el país describen una situación cada vez más difícil, según la investigación de Micaela Rodríguez para Tiempo Argentino.
- En Chapadmalal, el propietario de un complejo turístico tuvo que alquilar permanentemente una de sus cabañas y buscar trabajo en la construcción.
- En Puerto Madryn, una emprendedora relata una fuerte caída de sus ventas y de la ocupación de su alojamiento.
- En San Juan, una familia que proyectaba ampliar su complejo ahora debe reducir tarifas y prescindir de trabajadores.
- En Traslasierra, el propietario de un alojamiento decidió cerrar durante la temporada baja por primera vez en veinte años de actividad.
Hay una paradoja difícil de ignorar en el turismo argentino. Emprendedores que consiguieron sobrevivir a una pandemia mundial, con sus establecimientos cerrados y la actividad prácticamente paralizada, hoy encuentran enormes dificultades para seguir trabajando.
Esa es la realidad que retrata Micaela Rodríguez en una investigación publicada en Tiempo Argentino, que reúne testimonios de prestadores de distintos puntos del país afectados por la caída de las reservas, el aumento de los costos y la pérdida de rentabilidad.
En Chapadmalal, el propietario de un complejo turístico tuvo que alquilar permanentemente una de sus cabañas y buscar trabajo en la construcción. En Puerto Madryn, una emprendedora relata una fuerte caída de sus ventas y de la ocupación de su alojamiento. En San Juan, una familia que proyectaba ampliar su complejo ahora debe reducir tarifas y prescindir de trabajadores.
La investigación también llega a Córdoba. En Traslasierra, el propietario de un alojamiento decidió cerrar durante la temporada baja por primera vez en veinte años de actividad.
Córdoba tampoco está fuera de la crisis
Aunque Córdoba continúa entre los destinos más elegidos del país y mantiene buenos indicadores de movimiento, eso no significa que sus prestadores estén atravesando una situación económica favorable.
En Calamuchita conocemos bien la diferencia entre tener un fin de semana con alojamientos ocupados y conseguir que la actividad sea rentable durante todo el año.
Los turistas siguen viajando, pero permanecen menos tiempo y cuidan cada vez más sus gastos. Mientras tanto, los establecimientos deben afrontar mayores costos de servicios, impuestos, mantenimiento e insumos.
Según datos de CAME citados por Rodríguez, durante las vacaciones de invierno de 2026 viajaron 4,6 millones de turistas, pero el gasto total cayó un 5,6% en términos reales.
Es una situación que también analizamos recientemente en Calamuchita 24/7, cuando explicamos por qué una ruta llena ya no significa necesariamente una buena temporada.
Córdoba puede resistir mejor que otros destinos en determinados indicadores, pero también forma parte de la crisis turística nacional.
Una crisis que va más allá de la política provincial
En Córdoba, sectores de la oposición cuestionan la gestión turística del Gobierno provincial y señalan problemas que merecen ser discutidos. Pero atribuir exclusivamente a la Provincia una crisis que también describen prestadores de Buenos Aires, Chubut, San Juan y Entre Ríos deja fuera una parte fundamental del contexto.
La presión impositiva, la infraestructura y las políticas locales tienen su importancia, pero también deben considerarse los efectos de la política económica nacional sobre el poder adquisitivo, el consumo y los costos de funcionamiento.
Una crisis que se repite a miles de kilómetros de distancia difícilmente pueda explicarse solamente por las decisiones de una provincia.
La investigación de Rodríguez aporta algo fundamental a esta discusión: las voces de quienes todos los días intentan mantener abiertos sus establecimientos.
Porque el turismo no se mide solamente contando cuántos autos entraron a una localidad. También se mide observando cuántos negocios siguen abiertos cuando esos autos se van.
Leé la investigación completa de Micaela Rodríguez en Tiempo Argentino.
